La formación original de Obús, 20 años después, estalla con la espoleta intacta

12/13/20254 min read

La formación original de Obús, 20 años después, estalla con la espoleta intacta

La formación original de Obús se reencontró el pasado 13 de diciembre en el Palacio Vistalegre, en Madrid. Fructuoso -Fortu- Sánchez, Paco Laguna, Juan Luis Serrano y Fernando Sánchez mostraron que 20 años no son suficientes para oxidar los instrumentos y la voz, en un concierto en que enfocaron más los ojos que las cámaras y que quedó grabado en más cerebros que discos duros. De los 4 músicos, solo Fortu y Laguna siguen formando parte de la plantilla regular del grupo.

El Palacio Vistalegre de Madrid se va llenando de pantalones pitillo con cadenas colgando, chalecos y chupas de cuero. Se va llenando de cervezas en las manos, de cigarros en la puerta y del repiqueteo de botas militares. El ambiente está cargado de otra época, de rostros curtidos en cabezas que algún día llevaron melena, está cargado del rock de los 80. La vieja guardia del heavy metal español se funde con la sangre nueva de un movimiento al que se siguen sumando nuevas generaciones.

La gente va llegando mientras Juan Pablo Ordoñez –El Pirata, mítico locutor de Rock FM– va caldeando el ambiente. El foso, aunque bastante ocupado, no se llena del todo. Las luces se apagan y de la pantalla que ocupa el fondo del escenario surge la animación de una calavera gigante. Segundos después, la sustituye el logo de Obús con un contador que anticipa la entrada de los músicos. Empieza la cuenta atrás y, cuando llega a 0, retumba la batería a los mandos de Fernando. Se suman el “Tío Luis” al bajo y Paco Laguna a la guitarra.

La melodía es la de “Necesito más” y, con el público caliente, del que se levantan ya manos con los cuernos en alto, Fortu salta al escenario como si la tarima quemara. Vestido entero de negro y en corbata, llega de gala para el reencuentro. Agarra el pie de micro y lo pasea mientras canta, se acerca a Laguna, a Serrano, hace poses, caras… Da un show como solo sabe quien lleva 40 años sin bajarse de un escenario.

No se escatima en pirotecnia, humo y efectos visuales, en la pantalla que mostró el contador aparecen animaciones y vídeos para cada canción y otras dos pantallas, a los lados del escenario, muestran primeros planos de los músicos. Fortu cambia de vestuario varias veces: de la corbata al disfraz de indio apache a terminar con un chaleco de parches que le tiran desde el foso.

Apenas se ven teléfonos por encima de las cabezas que, fijas con los ojos enfocados al escenario, graban cada instante en la memoria. Parece una distopía: la vuelta a una era donde los conciertos se vivían por los ojos, para uno mismo, y no a través de una pantalla, más para Instagram que para el recuerdo. La radiografía de un espectador medio es la siguiente: en una mano la cerveza, la otra al bolsillo; el pie como metrónomo del ritmo de la canción y la cabeza oscilando a juego. También se ven manos en alto, se escuchan gritos y alguna melena vuela libre, sobre todo cuando suenan temas como “Te visitará la muerte” o “Que te jodan”.

Mientras el público se sumerge en uno de los temas más míticos de Obús, “Dinero, dinero”, Fortu pide móviles al cielo. Busca un espectáculo de luces LED iluminando el Palacio Vistalegre y, junto a los cientos de linternas blancas y modernas, aparecen también oscilantes llamas anaranjadas. Un hombre de unos 50 años con vaqueros negros ajustados, rematados con dos gruesas cadenas en el lado derecho y un chaleco lleno de parches levanta un Zippo cuya llama alumbra lo que diez Iphones. No es el único: es la rebelión de los mecheros contra los móviles.

Cerca del final del concierto, los miembros originales de Obús abandonan el escenario y suena una grabación de “Castigo Infernal”. Con luz tenue en el Vistalegre, en la pantalla central empiezan a aparecer decenas de fotos con sus nombres. Manzano, Terry Barrios, Boni, Tino Casal… Es un tributo a los caídos de nuestro rock. El público calla, mira, si acaso da un trago a la cerveza y aplaude con cada aparición de una leyenda. Los últimos dos nombres en aparecer son los de Jorge Ilegal y Robe Iniesta, ambos fallecidos la misma semana del concierto. El homenaje cierra con una ovación de aplausos, silbidos y gritos que llaman a celebrar las vidas de quienes dejaron un legado en forma de canción.

Tras el emotivo momento, el grupo vuelve a la acción. Interpretan otras tres canciones, “Mentiroso”, “Esta ronda la paga Obús” y “Solo lo hago en mi moto”. Los músicos alargan los estribillos, como si quisieran saborear hasta la última nota de cada instrumento de este final de concierto. Se van casi hasta la medianoche dando guerra como el Obús que, muchos años después, sigue con la espoleta bien puesta y preparada para estallar.

19/01/2026

OBÚS en su concierto en el Palacio Vistalegre de Madrid